Democracia contra voluntarismo dogmático.
Democracia contra voluntarismo dogmático.
Autor: Iván Paoli Bolio
La lucha de décadas debe ser respetada y consolidada por el TEPJF.
La desmesura en las expresiones del candidato de la Alianza por el Bien de Todos, genera una división cada vez más clara en las filas de PRD y también en grupos muy importantes que de manera tradicional han brindado apoyo a las movilizaciones que organiza ese grupo político.
Es claro que las expresiones altisonantes de López Obrador (LO) en contra de los funcionarios del Instituto Federal Electoral (IFE) no convencen a muchos de sus partidarios, porque han sido testigos a lo largo de 10 años de que esta institución ha operado de manera correcta y apegada a la ley. Así, no objetaron el conteo de los votos que se llevó a cabo en el 2000, tampoco en las elecciones federales legislativas del 2003 y ni siquiera lo han hecho en las que renovarán el Congreso de la Unión en el 2006, en que el PAN lleva la delantera y el PRD ocupará el segundo o tercer lugar. En ninguno de esos casos los miembros del partido del Sol Azteca y el propio López Obrador, han puesto mayores inconvenientes, aunque se trate del mismo proceso electoral, con los mismos funcionarios de casilla y los mismos representantes de los partidos.
Sin embargo, para la elección a presidente de la república LO llama delincuentes a los consejeros del IFE, afirma que hemos retrocedido a las deformaciones electorales que se dieron en 1988, cuando al entonces Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, ahora aliado suyo, se le cayó el sistema y hasta afirma que prácticamente en México no hay democracia.
Los resultados de las luchas de más de seis décadas de Acción Nacional con Manuel Gómez Morín, Efraín González Luna, Luis H. Álvarez, José González Torres, Efraín González Morfin, Diego Fernández de Cevallos, Manuel J. Cloutier, Vicente Fox y tantos y tantos otros como Luis Calderón Vega, el padre de nuestro actual candidato, que confluyeron con las de líderes de signo ideológico diferente como Arnoldo Martínez Verdugo, Cuauhtémoc Cárdenas, Gilberto Rincón Gallardo, Heberto Castillo, que luego de frustraciones inmensas, de soportar presiones y represiones, las injusticias repetidas al infinito por la dictadura de partido que entonces se había apoderado del país, fueron creando espacios para la práctica de la democracia en México y lograron generar instituciones autónomas y respetables como el IFE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que son tildados ahora, si no de sospechosos, de delincuentes electorales por quien, sin más pruebas que sus propias sospechas, pontifica como si fuera el único poseedor de la verdad, aunque para ello tenga que tragarse las palabras con las que repetidamente se comprometió públicamente a respetar los resultados que daría a conocer el IFE.
De esta manera, la imaginación sobrecalentada de López Obrador, pretende dar al traste con nuestra inaugural tradición democrática, así tenga que romper con las bases de su propio partido, que no son “la gente” como él acostumbra llamarles, sino decenas de miles de personas responsables que generosa y desinteresadamente destinaron una larga jornada a certificar la limpieza y la transparencia en las elecciones del 2 de julio.
Pero esta actitud no sólo afecta a sus partidarios directos sino también grupos sindicales que le han recomendado “mesura y prudencia” al Sr. López, como lo hizo Agustín Rodríguez Fuentes, presidente colegiado de la Unión Nacional de Trabajadores y líder del STUNAM que aseguró que el gremio de la Máxima Casa de Estudios no apoyará las marchas convocadas por Andrés Manuel.
Es también lamentable que, si bien es cierto que la diferencia a favor de Felipe Calderón es relativamente pequeña, también lo es que más del 60 por ciento de los ciudadanos que votaron no lo hicieron por López Obrador, que los demás partidos políticos favorecidos por esos votos y la Alianza por México ya reconocieron el triunfo de Calderón y que esta realidad, que si cuenta con una muy amplia mayoría, debe ser considerada como uno de los criterios más importantes para determinar las resoluciones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, cuya función es, en última instancia, la de respetar y hacer respetar la voluntad mayoritaria de los ciudadanos, así sea por un voto.
Autor: Iván Paoli Bolio
La lucha de décadas debe ser respetada y consolidada por el TEPJF.
La desmesura en las expresiones del candidato de la Alianza por el Bien de Todos, genera una división cada vez más clara en las filas de PRD y también en grupos muy importantes que de manera tradicional han brindado apoyo a las movilizaciones que organiza ese grupo político.
Es claro que las expresiones altisonantes de López Obrador (LO) en contra de los funcionarios del Instituto Federal Electoral (IFE) no convencen a muchos de sus partidarios, porque han sido testigos a lo largo de 10 años de que esta institución ha operado de manera correcta y apegada a la ley. Así, no objetaron el conteo de los votos que se llevó a cabo en el 2000, tampoco en las elecciones federales legislativas del 2003 y ni siquiera lo han hecho en las que renovarán el Congreso de la Unión en el 2006, en que el PAN lleva la delantera y el PRD ocupará el segundo o tercer lugar. En ninguno de esos casos los miembros del partido del Sol Azteca y el propio López Obrador, han puesto mayores inconvenientes, aunque se trate del mismo proceso electoral, con los mismos funcionarios de casilla y los mismos representantes de los partidos.
Sin embargo, para la elección a presidente de la república LO llama delincuentes a los consejeros del IFE, afirma que hemos retrocedido a las deformaciones electorales que se dieron en 1988, cuando al entonces Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, ahora aliado suyo, se le cayó el sistema y hasta afirma que prácticamente en México no hay democracia.
Los resultados de las luchas de más de seis décadas de Acción Nacional con Manuel Gómez Morín, Efraín González Luna, Luis H. Álvarez, José González Torres, Efraín González Morfin, Diego Fernández de Cevallos, Manuel J. Cloutier, Vicente Fox y tantos y tantos otros como Luis Calderón Vega, el padre de nuestro actual candidato, que confluyeron con las de líderes de signo ideológico diferente como Arnoldo Martínez Verdugo, Cuauhtémoc Cárdenas, Gilberto Rincón Gallardo, Heberto Castillo, que luego de frustraciones inmensas, de soportar presiones y represiones, las injusticias repetidas al infinito por la dictadura de partido que entonces se había apoderado del país, fueron creando espacios para la práctica de la democracia en México y lograron generar instituciones autónomas y respetables como el IFE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que son tildados ahora, si no de sospechosos, de delincuentes electorales por quien, sin más pruebas que sus propias sospechas, pontifica como si fuera el único poseedor de la verdad, aunque para ello tenga que tragarse las palabras con las que repetidamente se comprometió públicamente a respetar los resultados que daría a conocer el IFE.
De esta manera, la imaginación sobrecalentada de López Obrador, pretende dar al traste con nuestra inaugural tradición democrática, así tenga que romper con las bases de su propio partido, que no son “la gente” como él acostumbra llamarles, sino decenas de miles de personas responsables que generosa y desinteresadamente destinaron una larga jornada a certificar la limpieza y la transparencia en las elecciones del 2 de julio.
Pero esta actitud no sólo afecta a sus partidarios directos sino también grupos sindicales que le han recomendado “mesura y prudencia” al Sr. López, como lo hizo Agustín Rodríguez Fuentes, presidente colegiado de la Unión Nacional de Trabajadores y líder del STUNAM que aseguró que el gremio de la Máxima Casa de Estudios no apoyará las marchas convocadas por Andrés Manuel.
Es también lamentable que, si bien es cierto que la diferencia a favor de Felipe Calderón es relativamente pequeña, también lo es que más del 60 por ciento de los ciudadanos que votaron no lo hicieron por López Obrador, que los demás partidos políticos favorecidos por esos votos y la Alianza por México ya reconocieron el triunfo de Calderón y que esta realidad, que si cuenta con una muy amplia mayoría, debe ser considerada como uno de los criterios más importantes para determinar las resoluciones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, cuya función es, en última instancia, la de respetar y hacer respetar la voluntad mayoritaria de los ciudadanos, así sea por un voto.


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