Aparece el verdadero AMLO
Aparece el verdadero AMLO
Autor: Salvador I. Reding Vidaña
La noche del 2 de julio pasado derrumbó el sueño lópezobradorista de tener asegurada la presidencia de la república. Su obsesión mesiánica no le permitía imaginar siquiera la posibilidad de perder, y aún después de contados los votos y no ganar por unos cuantos, no se imagina perdedor, no lo acepta.
Antes de la elección, decía que “sus” encuestas le daban una ventaja, primero de diez puntos, y luego de 500,000 votos. Nada fue cierto, ni siquiera con las campañas difamatorias contra Felipe Calderón, que bien hicieron mella, pero no suficiente. AMLO perdió, al menos en los números sumados por el IFE, y según lo que decida el Tribunal Electoral, que los analistas dicen no serán cambiados.
La noche del 2 de julio, sus voceros y él mismo dijeron a sus seguidores y a los medios que AMLO había ganado, pero no dieron, y hasta la fecha no han dado, un solo número de votos intentando demostrarlo. Es su palabra contra las cifras del IFE. Es un “yo gano” porque así lo digo.
El lenguaje triunfalista contrastó con su expresión desesperada; atrás quedó la sonrisa de sus burlas contra todos los que no dijeran que ganaría. La noche del miércoles 5 de julio, en pleno conteo de votos en el IFE, se fue a su domicilio sin ninguna muestra de alegría, pues no la tenía. Ya sabía el resultado, tenía copias de todas las actas.
Así que a partir del día siguiente, en conferencia de prensa, y en especial en su mitin llamado “asamblea informativa” en el Zócalo capitalino, el AMLO seguro, burlón, satisfecho con el futuro “previsible”, dio lugar a su verdadero yo. Furioso, agresivo, insulta y arremete contra todos los que no reconocen “su triunfo” de palabra. Ofende al Presidente, a su adversario, al PAN, al IFE y a quien sea.
Particularmente insulta a los ciudadanos que dirigen y operan técnicamente el IFE, desconoce su trabajo y conteo (aunque sólo desconoce el de presidente y deja aparte los conteos para senadores y diputados). Acusa y vuelve a acusar al IFE de fraude y pide lo que no puede pedir, el recuento al cien por ciento de los votos. No puede porque la ley no lo permite, pero él lo exige.
Descalifica al IFE diciendo que hizo trampa al contar, cuando expertos ya habían avalado la tecnología del IFE y la seguridad del registro electrónico de resultados, y no hay prueba alguna de fraude. Podría comparar la suma de sus actas con el IFE, pero no lo hace, no le conviene, pues los números serán los mismos y lo sabe.
Después de haber dicho, previo a la elección, que aceptaría el resultado aunque no le favoreciera “por un solo voto”, lo desconoce, lo niega pero no aporta cifras para confrontar las del IFE. Mintió. Se le pregunta si aceptaría la decisión del Tribunal Electoral y dice que ya veremos. Se prepara porque sabe que el Tribunal, con todas las impugnaciones presentadas, llegará a la misma conclusión: AMLO perdió. La “honestidad valiente” quedó en el discurso.
AMLO ha perdido el control de sí mismo, y esta situación se irá agravando hasta el día en que el Tribunal Electoral de su veredicto. Ese día será el peor de todos, pues ya no le quedarán más recursos que explotar para mover a la gente a su favor, salvo el imposible, que no podrá tomar, de pedir la presidencia por la violencia callejera. No lo hará.
Dice el lunes 10 presentar pruebas de dos videos sobre el “fraude” electoral, pero de inmediato es desmentido: esos videos no prueban nada, y queda en evidencia que mentía de nuevo. Desgraciadamente, el escándalo, la ofensa y la calumnia siguen el patrón de conducta de la mentira, que a una suma otra y otra mayores. AMLO ya batió a todos, y solamente le queda hacerlo en peores términos. Pero con su conducta ajena al orden y la legalidad, se pone en evidencia ante sus votantes, entre los cuales algunos se ponen a pensar ¿por esa mente desquiciada voté?
El verdadero AMLO ya ha salido a la luz. Su perfil es el que afirmaban sus críticos y negaban sus admiradores. La cara sana y segura que presentaba tras el escándalo del desafuero, y que llevaría a través del país en campaña política se convierte en humo, ese no era el verdadero Andrés Manuel. El verdadero, el real, es el que anteriormente llegó a despotricar e insultar “con todo respeto” al presidente Fox y a quien no comulgara con él y que vuelve a mostrarse en plenitud.
En su juventud, defendió causas sociales por diversas vías, pero llegó a hacerlo contra la ley, y aprendió que la movilización social era más importante que la ley (lo dijo). Ya en el Distrito Federal, volvió a pasar varias veces sobre la ley para obtener sus fines. Parece que aprendió el falso principio de que el fin justifica los medios, tal como hace ahora al calumniar a quienes no le dieron el triunfo (independientemente de la votación real ciudadana).
Hace años, en entrevista con “Proceso”, dijo que se debe obedecer la ley “pero no hasta la ignominia”, concepto bastante etéreo. Ahora desafía la legalidad ¿será porque es ignominioso perder por el voto ciudadano contado por el IFE?
¿En qué acabará este penoso actuar en un escenario mundial? Pronto, muy pronto lo sabremos, y esperemos que Andrés Manuel se refugie en el abatimiento de su “imposible” derrota y se retire a su casa, dejando en paz al pueblo mexicano. México nunca se mereció ese presidente agresivo, que vuelve a mentir y despotrica vergonzosamente frente al mundo entero.
Autor: Salvador I. Reding Vidaña
La noche del 2 de julio pasado derrumbó el sueño lópezobradorista de tener asegurada la presidencia de la república. Su obsesión mesiánica no le permitía imaginar siquiera la posibilidad de perder, y aún después de contados los votos y no ganar por unos cuantos, no se imagina perdedor, no lo acepta.
Antes de la elección, decía que “sus” encuestas le daban una ventaja, primero de diez puntos, y luego de 500,000 votos. Nada fue cierto, ni siquiera con las campañas difamatorias contra Felipe Calderón, que bien hicieron mella, pero no suficiente. AMLO perdió, al menos en los números sumados por el IFE, y según lo que decida el Tribunal Electoral, que los analistas dicen no serán cambiados.
La noche del 2 de julio, sus voceros y él mismo dijeron a sus seguidores y a los medios que AMLO había ganado, pero no dieron, y hasta la fecha no han dado, un solo número de votos intentando demostrarlo. Es su palabra contra las cifras del IFE. Es un “yo gano” porque así lo digo.
El lenguaje triunfalista contrastó con su expresión desesperada; atrás quedó la sonrisa de sus burlas contra todos los que no dijeran que ganaría. La noche del miércoles 5 de julio, en pleno conteo de votos en el IFE, se fue a su domicilio sin ninguna muestra de alegría, pues no la tenía. Ya sabía el resultado, tenía copias de todas las actas.
Así que a partir del día siguiente, en conferencia de prensa, y en especial en su mitin llamado “asamblea informativa” en el Zócalo capitalino, el AMLO seguro, burlón, satisfecho con el futuro “previsible”, dio lugar a su verdadero yo. Furioso, agresivo, insulta y arremete contra todos los que no reconocen “su triunfo” de palabra. Ofende al Presidente, a su adversario, al PAN, al IFE y a quien sea.
Particularmente insulta a los ciudadanos que dirigen y operan técnicamente el IFE, desconoce su trabajo y conteo (aunque sólo desconoce el de presidente y deja aparte los conteos para senadores y diputados). Acusa y vuelve a acusar al IFE de fraude y pide lo que no puede pedir, el recuento al cien por ciento de los votos. No puede porque la ley no lo permite, pero él lo exige.
Descalifica al IFE diciendo que hizo trampa al contar, cuando expertos ya habían avalado la tecnología del IFE y la seguridad del registro electrónico de resultados, y no hay prueba alguna de fraude. Podría comparar la suma de sus actas con el IFE, pero no lo hace, no le conviene, pues los números serán los mismos y lo sabe.
Después de haber dicho, previo a la elección, que aceptaría el resultado aunque no le favoreciera “por un solo voto”, lo desconoce, lo niega pero no aporta cifras para confrontar las del IFE. Mintió. Se le pregunta si aceptaría la decisión del Tribunal Electoral y dice que ya veremos. Se prepara porque sabe que el Tribunal, con todas las impugnaciones presentadas, llegará a la misma conclusión: AMLO perdió. La “honestidad valiente” quedó en el discurso.
AMLO ha perdido el control de sí mismo, y esta situación se irá agravando hasta el día en que el Tribunal Electoral de su veredicto. Ese día será el peor de todos, pues ya no le quedarán más recursos que explotar para mover a la gente a su favor, salvo el imposible, que no podrá tomar, de pedir la presidencia por la violencia callejera. No lo hará.
Dice el lunes 10 presentar pruebas de dos videos sobre el “fraude” electoral, pero de inmediato es desmentido: esos videos no prueban nada, y queda en evidencia que mentía de nuevo. Desgraciadamente, el escándalo, la ofensa y la calumnia siguen el patrón de conducta de la mentira, que a una suma otra y otra mayores. AMLO ya batió a todos, y solamente le queda hacerlo en peores términos. Pero con su conducta ajena al orden y la legalidad, se pone en evidencia ante sus votantes, entre los cuales algunos se ponen a pensar ¿por esa mente desquiciada voté?
El verdadero AMLO ya ha salido a la luz. Su perfil es el que afirmaban sus críticos y negaban sus admiradores. La cara sana y segura que presentaba tras el escándalo del desafuero, y que llevaría a través del país en campaña política se convierte en humo, ese no era el verdadero Andrés Manuel. El verdadero, el real, es el que anteriormente llegó a despotricar e insultar “con todo respeto” al presidente Fox y a quien no comulgara con él y que vuelve a mostrarse en plenitud.
En su juventud, defendió causas sociales por diversas vías, pero llegó a hacerlo contra la ley, y aprendió que la movilización social era más importante que la ley (lo dijo). Ya en el Distrito Federal, volvió a pasar varias veces sobre la ley para obtener sus fines. Parece que aprendió el falso principio de que el fin justifica los medios, tal como hace ahora al calumniar a quienes no le dieron el triunfo (independientemente de la votación real ciudadana).
Hace años, en entrevista con “Proceso”, dijo que se debe obedecer la ley “pero no hasta la ignominia”, concepto bastante etéreo. Ahora desafía la legalidad ¿será porque es ignominioso perder por el voto ciudadano contado por el IFE?
¿En qué acabará este penoso actuar en un escenario mundial? Pronto, muy pronto lo sabremos, y esperemos que Andrés Manuel se refugie en el abatimiento de su “imposible” derrota y se retire a su casa, dejando en paz al pueblo mexicano. México nunca se mereció ese presidente agresivo, que vuelve a mentir y despotrica vergonzosamente frente al mundo entero.


<< Home